SINODALIDAD / CARMELITAS DE SAN JOSÉ
Carmelitas
de San José
Impulsadas por el Espíritu que nos congrega en el Carmelo Teresiano desde la oración a
vivir en obsequio de Jesucristo desde la entrega a los más necesitados viviendo con el espíritu humilde y sencillo de San José en el hogar de Nazaret.
¿Quiénes somos?
Don de Dios para el mundo
Las Carmelitas de San José vivimos el carisma legado por la Madre Rosa: servir a Dios en los más necesitados con un corazón sencillo, fraterno y maternal. Desde la espiritualidad del Carmelo Teresiano y el ejemplo de la Sagrada Familia de Nazaret, hacemos de la oración, la vida comunitaria y la cercanía a las personas el fundamento de nuestra misión.
Educamos a niños y jóvenes, acompañamos a los enfermos y ancianos, y respondemos con alegría y misericordia a los desafíos de nuestro tiempo, procurando ser un signo creíble de esperanza en la Iglesia y en la sociedad.
Procurad amaros con caridad exquisita, que los demás puedan decir: Mirad, como se aman
Madre Rosa
Formarse con el propósito de hacer el bien
Las etapas de formación permiten a la futura Carmelita de San José afianzarse y madurar la llamada del Señor, desde la propia realidad del carisma que se ofrece.
Aspirantado
Durante esta etapa, la joven ha de trabajar en afianzar la formación cristiana y humana, en el espíritu carmelitano, especialmente de la vida y escritos de los santos carmelitas y de nuestra fundadora Madre Rosa Ojeda Creus.
Postulantado
En esta etapa inicia la experiencia de vivir en comunidad en el instituto formándose integralmente, a fin de clarificar motivaciones y adquirir la preparación que le permita abordar, próximamente, el noviciado.
Noviciado
Es un periodo de acompañamiento donde la joven conoce y asimila progresivamente la riqueza del carisma del instituto, integra la oración, la acción, la vivencia comunitaria y la misión apostólica que desea abrazar.
Juniorado
La hermana de votos temporales se compromete a vivir el espíritu evangélico según las constituciones del Instituto, aprende a consolidar y promover su identidad vocacional y el sentido de pertenencia a la familia religiosa.
Formación permanente
Al finalizar la etapa de juniorado, la religiosa solicitará su admisión a la profesión perpetua para vivir definitivamente “en obsequio de Jesucristo” dedicando su vida al servicio de los enfermos ancianos y niños.
Datos de contacto
